El Noviazgo: Preparándonos Para el Matrimonio
Escrito por Carlos Israel de
los Santos Ramírez
Noviembre, 2013, Pto. Pta.
Rep. Dom.
Introducción
Secularmente, el noviazgo es un período de tiempo durante
el cual los potenciales esposos se interrelacionan con el fin de determinar si
existe compatibilidad entre ambos y que en caso de ser así, entonces proceder a
la realización del acto de matrimonio. Si durante el período del noviazgo los
resultados muestran que no existe compatibilidad entre los novios entonces se
cancela el proyecto matrimonial. En la antigüedad y de acuerdo a la Biblia , el término que más
se asemeja al noviazgo se conocía como desposorio, mnesteuo (mnhsteuvw),
cortejar y ganar, desposar o prometer en casamiento. Se usa en la voz pasiva en
Mat_1:18; Luk_1:27; y 2.5, todos estos pasajes en referencia a la
virgen María, y traducido «desposada». La RVR77 da en el margen de Mat_1:18
la aclaración «comprometida para casarse». Véanse Mateo 1:18-20(6), Éxodo
22:16(7), Deut. 20:7(8) e Isaías 62:5(9).
Desarrollo
¿Pero, desde el punto de vista
divino, es decir, a la luz del Espíritu Santo, es necesario el noviazgo? La
respuesta es no. ¿Por qué? Porque cuando ha sido a Dios a quien se le ha dejado
la decisión de elegir, una vez que El haya señalado la persona elegida es
porque ya Él sabe que es esa persona la que nos conviene. Sin embargo, esto no
necesariamente significa que nos uniremos en matrimonio con dicha persona
inmediatamente; siempre debemos esperar el tiempo oportuno que Dios haya
elegido para ejecutar el casamiento. Además, si nos referimos a la Biblia, como
debe ser, para buscar luz respecto al tema, ya hemos visto anteriormente que un
desposado o desposada (términos que más se acercarían a lo que es para nosotros
un novio/novia) era un compromiso definitivo, de hecho, ya se les consideraba
como esposos, solo que hacía falta la ceremonia de boda. El desposorio (que
sería para nosotros el noviazgo), no se
usaba en el sentido de probar si convenía o no tal persona. Pero, aun cuando se
pudieran alegar razones de índoles históricas, geográficas y culturales, los
cierto es que el noviazgo tal y como la sociedad lo acepta, permite y
promociona, cae dentro de los actos de inmoralidad sexual absoluta y
rotundamente. No se puede justificar lo injustificable.
Por otro lado, si después de Dios
haberte señalado la persona que El desea darte por esposo(a), aun tú crees
necesario un tiempo para ver si existe compatibilidad entre tú y esa persona,
significa que no has comprendido que Dios es prefecto y que sus decisiones son
también perfectas y totalmente acertadas. No confías en Dios como debes
hacerlo. Antes de Dios mostrártelo(a) ya
Él ha encontrado que hay suficiente compatibilidad entre ustedes como para que
se unan en matrimonio. No es necesario el periodo de noviazgo entendido como y
para los fines que se cree necesario. Si estás dispuesto(a) a permitirle a Dios
ayudarte, entonces puedes considerar como noviazgo al periodo de tiempo
requerido por Dios para habilitarte tanto a ti como a quien será tu esposo(a).
Si eres paciente verás cuanto beneficio te reportará el confiarle este
asunto a Dios y esperar en El.
Además, el noviazgo tal y como la sociedad lo ha
asimilado, no es más que otra forma de dos personas relacionarse sexualmente
antes del matrimonio. Muchos no lo entienden así porque por un lado, la
corriente moderno-liberal, la cual exalta el yo piensa que en tanto no se llegue al coito en una relación, no se
puede considerar que ha habido un acto sexual y por otro lado, la sociedad acepta el noviazgo
como moralmente correcto. Acontece entonces que nosotros aplicamos esos
principios o paradigmas a nuestras propias vidas aun siendo creyentes. Pero
nosotros nos preguntamos: ¿cómo se le puede llamar a aquella relación en la que
dos personas de sexo opuesto intercambian caricias, besos, abrazos entre otros,
con la clara intención de satisfacerse sus deseos sexuales? La Biblia rechaza cualquier tipo de relación
sexual premarital. 1Corintios 6:9 ¿O no sabéis que los injustos no heredarán el
reino de Dios? No os dejéis engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los
adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales. Dios quiere que tengamos
nuestro matrimonio, pero hasta la manera de conducirnos en ello debe ser
diferente a como lo hacíamos cuando no habíamos conocido a Dios. Es decir, ya
no debemos hacerlo con el objetivo egoísta o de satisfacer nuestros deseos
carnales.
Por lo demás, hermanos, os rogamos, pues, y os
exhortamos en el Señor Jesús, que como habéis recibido de nosotros instrucciones acerca de la manera en
que debéis andar y agradar a Dios (como de hecho ya andáis), así abundéis en ello más y más. Pues sabéis qué
preceptos os dimos por autoridad del Señor Jesús. Porque esta es la voluntad de
Dios: vuestra santificación; es decir,
que os abstengáis de inmoralidad sexual; que cada uno de vosotros sepa cómo
poseer su propio vaso en santificación y honor, no en pasión de concupiscencia,
como los gentiles que no conocen a Dios; (1Tesalonisenses 4:1-5, LBLA)
El andar por ahí
probando a una u otra persona para ver si nos conviene unírnosle en matrimonio
demuestra inmadurez espiritual de nuestra parte y falta de comprensión del
hecho de que Dios nos conoce profundamente y que Él sabe cómo satisfacer todas
nuestras necesidades. ¿Cuál es la
probabilidad de llegar al hecho consumado cuando se está hundido en caricias,
besos, abrazos y manoseos? Está claro que al caldearse los ánimos y activarse
nuestra libido desbordando nuestras pasiones carnales, cualquier cosa puede
pasar. Esto, sin agregarle el ingrediente satánico en cuyo caso, tal acto se
vuelve doblemente peligroso. Por lo mismo, nuestro adversario quiere que minimicemos
el peligro latente y las consecuencias nefastas detrás de todo eso. Es muy bien
conocido por él que el tal noviazgo le abre una puerta ancha a su grupo. Cuando el noviazgo se desarrolla tal y como
nuestra sociedad moderna lo acepta, entre otros, se satisfacen o los placeres
de la carne o los placeres de los ojos o la vanagloria de la vida o cualquier
combinación de ellos. Todos estos son considerados placeres mundanos y por ende
la Biblia nos manda abstenernos de ellos.
No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama
al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo,
la pasión de la carne, la pasión de los ojos y la arrogancia de la vida, no
proviene del Padre, sino del mundo.
(1Juan 2:15-16, LBLA)
¿No es acaso el famoso
noviazgo el causante de frecuentes embarazos premaritales aun entre creyentes?
¿No ha sido el famoso noviazgo el que ha abierto las puertas para que sean
destruidos los potenciales ministerios de muchos creyentes? ¿No es éste el causante
de la destrucción espiritual de muchas personas? ¿O continuaremos viviendo
engañados por la ceguera de las tinieblas cuando Dios ha operado nuestros ojos
y ha puesto luz en ellos?
Por lo tanto, cuando el
creyente quiera agradar a Dios y evitarse el traspase de muchos dolores, penas,
amarguras y sinsabores, deberá abstenerse de todo lo que le represente peligro
real o aparente y en su lugar debe aprender a confiar y obedecer plenamente en
Dios, esperar en El con paciencia y permitirle que le ayude en toda decisión de
su vida. La elección de quien será
nuestro esposo(a) no debe ser la excepción, sino más bien ésta debe estar entre
los primeros lugares.
Seleccionando La Pareja Ideal
Un
error muy frecuente que cometemos en el proceso de selección de quien
pretendemos sea nuestro esposo o esposa, es el hecho de guiarnos y tomar la
iniciativa nosotros mismos en vez de pedirle a Dios que nos asista en ello.
Quien nos traiciona en este sentido es nuestro propio corazón, quien como dice la Palabra de Dios, es
engañoso y perverso más que todas las cosas. Nuestro corazón nos hace sucumbir
ante sus inclinaciones pasionales. Dios es el único que tiene acceso a lo más
profundo de nuestro corazón, de Él, nada se puede esconder (ver Hebreos 4:13 y
1 Reyes 8:39).
Conviene que sometamos las
emociones que son también bastantes perjudiciales, sobre todo, al momento de
tomar una decisión crucial. En una primera impresión, una persona que nos atraiga profundamente, bien puede convertirse
en nuestro adversario más cercano en nuestra vida espiritual futura.
Es, por tanto, de
importancia extrema que la base para seleccionar tu pareja sea su estatus
espiritual. Más engañoso que todo, es el corazón, y
sin remedio; ¿quién lo comprenderá? Yo, el SEÑOR, escudriño el corazón, pruebo
los pensamientos, para dar a cada uno según sus caminos, según el fruto de sus
obras. (Jeremías 17:9-10,LBLA)
Pero,
debido a que no tengo acceso al interior de la persona, ¿cómo puedo entonces
saber quién es espiritualmente? Precisamente esta es la razón por la que
debemos permitir que sea Dios quien nos muestre el camino a seguir y una vez
puestos en marcha, seguir adelante, siempre tomado de la mano de su consejo y
sabiduría infalible.
Este es un tema muy álgido, pues
normalmente, la iniciativa para elegir una pareja la lleva a cabo el ser
humano, relegando a Dios a un segundo plano. Debido a esto ocurren tantos
fracasos matrimoniales incluso dentro del pueblo de Dios.
El matrimonio no se puede ver
simplemente como una vía para procrear una familia y satisfacer ciertas
necesidades, aunque también es cierto que esto está incluido en él. El
matrimonio es un proyecto de vida que debe ser aprobado por el diseñador de ese
proyecto que es Dios. Tampoco se puede ver el matrimonio como un contrato más,
sino como un pacto solemne entre dos y cuyo testigo principal es el Señor
Todopoderoso. A este respecto, Génesis 2:24, nos dice así: Por tanto, dejará el
hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.
Para que un matrimonio cuente con el total respaldo divino,
este debe realizarse con el consentimiento de la voluntad absoluta de Dios.
Si
bien es cierto que Dios no nos va a imponer a nosotros quien deba ser nuestro esposo
o esposa, no es menos cierto que su voluntad es que le permitamos asistirnos en
el proceso de selección del futuro esposo o esposa por nuestro propio
bienestar. Dios sabe cuál será el desarrollo espiritual de cualquier ser humano
durante toda su vida. De modo que si pedimos a Dios que nos ayude, podemos
estar seguros de que no nos permitirá unirnos con alguien que no nos convendrá
en un futuro. Si dejamos a Dios obrar a favor nuestro, Él no va a permitir que
un hijo o hija suya caiga en manos de una persona malintencionada y que no
tenga un corazón puro delante de Él. En este punto es bastante importante
aceptar la decisión que Dios tome en un determinado caso. Pues a veces queremos
que Dios nos ayude, pero si lo que Dios decide no es lo que nosotros como seres
humanos anhelamos, entonces no aceptamos la decisión de Dios. Bajo estas
circunstancias no recibimos la ayuda que necesitamos y la cual Dios anhela para
nosotros. Las decisiones de Dios, en ocasiones duelen, porque chocan
frontalmente contra nuestras emociones. Pero Dios toma siempre la mejor
decisión para nosotros.
Sin embargo, por la voluntad
permisiva de Dios, es decir, lo que El no desea para nosotros, pero que debido
a nuestra insistencia y a nuestra libertad de elección, El nos lo permite,
afrontamos amargas experiencias que desembocan en un mar de lágrimas. En la
mayoría de los casos, entonces responsabilizamos a Dios de nuestros fracasos y
en este sentido estamos errados, muy equivocados. Ninguna decisión en nuestra
vida que cuente con el respaldo Divino tiene la posibilidad de fracasar. Son
nuestras pasiones y deseos carnales los que nos llevan a emprender acciones que
nos dirigen por los despeñaderos; todo lo cual nos lo evitaríamos si le
permitiéramos a Dios ayudarnos en nuestras decisiones.
Recuerda: el empaque no
necesariamente coincide con el contenido. Nosotros, los seres humanos con las
limitaciones propias de nuestra naturaleza somos incapaces de adentrarnos hasta
ver en que consiste el contenido del corazón del hombre. Dios, en cambio ve
desde su perspectiva y ojos eternos y perfectos lo que hay dentro, incluso no
importa que disfraz trate de ocultar la realidad más íntima del corazón.
Todos los
caminos del hombre son limpios ante sus propios ojos, pero el SEÑOR sondea los
espíritus. (Proverbios 16:2, LBLA)
Esta es una poderosa y muy buena
razón por la que debemos permitir que Dios nos ayude en las decisiones de
nuestra vida y cuanto más cuando se trata de algo tan delicado como lo es el
matrimonio.
También, Dios sabe incluso más que nosotros mismos qué es
lo que necesitamos. Encomienda tus obras al SEÑOR, y tus propósitos se
afianzarán. (Proverbios 16:3, LBLA)
Normalmente, lo que
queremos, no es lo que necesitamos. Estos son solo deseos o caprichos y Dios no
se rige por ellos.
Puesto que Dios no
está sujeto a las pasiones humanas, éstas no lo pueden engañar y mucho menos
controlarlo o dirigirlo. Sin embargo, a nosotros sí nos pueden engañar nuestras
emociones y de hecho a menudo lo hacen
aunque no lo advertimos.
Ahora bien, para que Dios nos asista, debemos mostrar e inclinar nuestro
corazón, primeramente, hacia el lado espiritual. ¿Por qué? Porque Dios jamás va
a desear para nosotros algo que Él sabe que nos será de tropiezo para nuestra
vida espiritual y que por vía de consecuencia dañe nuestra relación de amistad
y confianza con El, y lo más importante aún, que ponga en peligro la salvación
de nuestra alma.
Si tienes temor de Dios y por el
contrario, tu futuro esposo o esposa no lo
tiene, entonces tendrás una oposición constante y vivirás con el adversario
justo a tu lado. El enemigo no perderá ni una sola oportunidad que se le brinde
y aprovechará esta condición para hacer férrea oposición desde adentro. Bajo
esta circunstancia, la situación se complica aún más por el hecho de que tu
compañero ignorará que está siendo utilizado como instrumento de las tinieblas
en tu contra. Llegados a este punto, se hace necesaria la urgente intervención
Divina para que la relación no termine en total fracaso.
Sin embargo, aun cuando a pesar
de nuestras malas decisiones Dios nos tiende su mano amiga, las consecuencias
negativas derivadas de las malas decisiones serán enfrentadas por nosotros.
También, aunque parezca sorprendente, Satanás, quien como dice la Biblia , se viste de ángel
de luz (2Corintios 11:14), tratará de frenar el propósito de Dios en un hombre
o en una mujer utilizando otro hombre u otra mujer como un agente encubierto
toda vez que él encuentre que este método
es factible en un determinado caso. Esto
significa que ese hombre o esa mujer te va a parecer un cristiano neto, tanto
así, que solo con la ayuda divina puede ser desenmascarado dicho plan sutil de
Satanás. Esta estrategia el diablo la
utiliza con más frecuencia de la que el ser humano advierte. Sabe el diablo que
no hay otro medio más efectivo para derribar un hombre. Por eso, vemos que
desde el principio este ha sido su método preferido (véase Génesis 3:1-4,12; 2
Samuel 11:1-4 y 1 Reyes 11:1-2).
Es necesario entender que dentro
del propósito de Dios para cada ser humano, está contemplado su futuro
matrimonio, ya que ha sido el mismo Dios quien ha establecido la familia como
la célula de la sociedad y ha sido El quien ha dicho que cada hombre tenga su
mujer. Pero, debemos ser pacientes y
esperar hasta que llegue el tiempo en el cual Dios traerá nuestro complemento.
Con lo sabio y organizado que es Dios, no es razonable pensar que no tome en
cuenta el matrimonio al momento de planificar un propósito determinado para con
una persona. La desesperación es parte del fracaso. Dios ejecuta sus propósitos
de manera lógica y ordenada. Por eso es tan importante en nuestra vida dejarnos
dirigir por El en todos los aspectos, pero cuanto más en algo tan delicado como
la elección de un potencial esposo/a.
¿Por qué será que llevo tanto
tiempo pidiéndole a Dios por mi esposo/a y aún no he recibido respuesta? ¿Será
que Dios no tiene tiempo para dedicarse al asunto? O, ¿será que para El esto no
es tan importante?
La respuesta es simple. El
matrimonio, como dijimos más arriba, ha sido instituido por Dios y por tanto es
bastante importante para El (véase Génesis 2:24). Pero resulta que Dios actúa
de manera perfecta y El no responderá ninguna petición hasta tanto se cumplan
las condiciones o requisitos previos que El haya establecido para responder tal
petición. Si Dios no te ha permitido matrimonio es porque dentro de su
propósito para tu vida las condiciones no están dadas todavía. Dios desea obrar bajo su perfecta y absoluta
voluntad. Pero también, Él puede obrar en su voluntad permisiva. Sin embargo,
en este caso no vamos a gozar de los beneficios que Dios quisiera y por el contrario, podemos afrontar
amarguras y sufrimientos. Por esto es que es tan importante ser paciente y
anhelar que Dios actúe cuándo y cómo El entienda que debe hacerlo. La paciencia
obra para nuestro bien. Dios es un ser de soluciones, no de problemas. Así que Él
sabe que necesitas casarte pero quiere que sea cuando estés listo/a para ello.
Si crees que estás preparado(a)
para contraer matrimonio, entonces debes estar en condición de responder
positivamente las siguientes preguntas: ¿estás consciente de las implicaciones
derivadas de ser un esposo/a? ¿Conoces o ha escudriñado la Biblia en lo concerniente a
los derechos, deberes y manera de conducirse dentro del matrimonio según las
normas Divinas? ¿Te sientes lo suficientemente maduro mentalmente para afrontar
tal responsabilidad?.¿O acaso tu motivo principal es la necesidad de tener
alguien a tu lado para que satisfaga tus dedeos de ser acariciado/a?
Observa cuán importante es para
Dios el matrimonio que uno de los requisitos de una persona que quiera
desempeñarse como obispo es que gobierne bien su casa.
Palabra fiel es
ésta: Si alguno aspira al cargo de obispo, buena obra desea hacer. Un obispo debe ser, pues,
irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, de conducta
decorosa, hospitalario, apto para enseñar, no dado a la bebida, no pendenciero,
sino amable, no contencioso, no avaricioso. Que gobierne bien su casa, teniendo
a sus hijos sujetos con toda dignidad (pues si un hombre no sabe cómo gobernar
su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios?)(1Timoteo 3:1-5,
LBLA)
Cómo Proceder para Lograr que Dios nos Respalde
a)
Ante todo es necesario comprender y aceptar que para
nosotros lo más importante en la tierra es que Dios cumpla su propósito en
nuestra vida. Aquí tenemos que entender que los planes de Dios en una persona
no se cumplirán sin la cooperación de dicha persona. Esto implica que debemos
despojarnos de los planes personales, someter nuestra voluntad a Dios, que Él
sea quien decida por nosotros. Debemos aprender a proceder de acuerdo a la
perfecta voluntad de Dios, lo cual se logra obedeciendo totalmente a Él.
b)
Confiar plenamente en Dios. También debemos asimilar
que Dios está interesado en lo mejor para nosotros. El desea una relación
personal y de confianza con cada individuo, desea que nos lleguemos a El con
más libertad que como vamos ante un
padre terrenal amoroso y comprensivo (véase Hebreos 4:16). Debemos
presentarle a Dios todos nuestros casos, no importa si son estos sencillos o
complicados antes de tomar una decisión al respecto, recuerde que el enemigo
siempre tratará de entrometerse en nuestros asuntos y que salvo en el caso que
hayamos renunciado a nosotros mismos y Dios dirija nuestra vida por completo,
el adversario lo logrará sino en todo, en parte, esto aunque no nos demos
cuenta, no olvide que él se viste como ángel de luz (véase 2 Corintios 11:14).
Pero, Dios no nos dirigirá por completo a menos que se lo pidamos y que le
dejemos actuar en ese sentido.
c)
Esperar antes de actuar, ¡No actuar antes de esperar!
Aun cuando Dios nos haya mostrado el camino por donde iremos debemos esperar el
momento preciso y oportuno para ponernos en marcha. El hecho de que Dios nos
haya confirmado algo no necesariamente
significa que debemos entrar y tomar posesión
inmediatamente. Hay que entender que Dios llama las cosas que no son como si
fuesen y que trata el futuro como si fuera el presente y el presente como si
fuera el futuro. Se dice que es difícil esperar en Dios, pero esto es cierto
solo si no nos enfocamos en la ventaja que representa tener paciencia y obrar
en el tiempo de Él. El rey David entendió este principio y lo aplicó en su
vida. No se apoderó del reinado antes del tiempo estipulado por Dios aun cuando
ya había sido ungido como rey por el profeta Samuel (véase 1Samuel 16:1-13).
Otro personaje bíblico que aplicó el principio de esperar en Dios fue José, el
hijo de Jacob. Este punto el adversario lo trabaja bastante, pues normalmente
suele adelantarse y nos presenta un plan u oferta similar a la original, la Divina , y que tiene por
objetivo robarnos el beneficio del verdadero propósito de Dios. Otra vez, lo
hace encubiertamente y presentándolo como si fuera de parte de Dios. Es por
esto que es imprescindible pedirle a Dios que nos permita detectar la presencia
del diablo sin importar cuan sutilmente él actúe. Esto se logra manteniendo una
comunión permanente con Dios. Sin embargo, aun cuando Dios nos ayuda a pesar de
nosotros tomar decisiones incorrectas y en contra de su absoluta voluntad, las
consecuencias negativas que derivarían serían enfrentadas por nosotros. Por eso
es tan importante tener paciencia. Porque Dios siempre querrá evitarnos
amarguras y sufrimientos, excepto aquellos que El haya decidido o permitido
dentro de su voluntad absoluta.
d)
Aceptar las decisiones de Dios. Como habíamos expresado
más arriba, una vez que hemos decidido que Dios sea quien nos dirija en todo,
tenemos que estar dispuestos a aceptar ciertas decisiones de El que chocarán
frontalmente con nuestras inclinaciones y emociones humanas. Muchas de las
medidas que Dios tome nos parecerán ilógicas e irracionales porque nuestra
mente es finita mientras que Dios es infinito (véase Isaías 55:8,9; 1Corintios
2:14 y Romanos 11:33-36). Sin embargo, en la medida en que nos dejamos guiar y
nos sometemos a Dios en total sumisión y obediencia, en esa misma medida
comprendemos a Dios y entendemos su manera de operar respecto a nosotros como
seres humanos. Una vez más, esto no será
posible sin nuestra cooperación. Dios siempre está dispuesto y decidido a
dirigirnos, el paso siguiente depende enteramente de nosotros, por eso nos ha
hecho con capacidad de elección propia.
e)
Establecer un código de comunicación. Esto quiere decir
que habrá un lenguaje personal mediante el cual usted y Dios se comunicarán y
que nadie más pueda descifrarlo. Por este método es que usted detectará la voz
de Dios y entenderá cuando habla El y cuando es el adversario tratando de
imitar a Dios para confundirlo.
Conclusión
El noviazgo es el paso previo al
matrimonio.
También, si nos consideramos
hijos de Dios, no debemos conducirnos en el proceso de noviazgo como lo hace la
sociedad moderna. Es evidente que el mal manejo de éste punto es la causa
frecuente de embarazos a destiempo y de matrimonios precoces.
Un punto importante es
no dejarnos llevar por pasiones o impulsos emocionales al momento de establecer
una relación de noviazgo con alguien. Si solamente tomamos en cuenta el aspecto
externo, descuidando los valores espirituales o morales de la persona con quien
deseamos casarnos, corremos un gran riesgo, probablemente, nuestra elección
será incorrecta. Si nos dejamos ayudar por Dios, es decir, si pedimos que Él
nos guíe en la escogencia de la persona apropiada para casarnos, de seguro que
vamos a tener éxito en la elección que hagamos. Esto debe ser así, porque solo
Dios conoce el interior, lo más profundo del ser humano. Recuerda: el empaque
no necesariamente coincide con el contenido. Nosotros, los seres humanos con
las limitaciones propias de nuestra naturaleza somos incapaces de adentrarnos
hasta ver en qué consiste el contenido del corazón del hombre. Dios, en cambio
ve desde su perspectiva y ojos eternos y perfectos lo que hay dentro, incluso
no importa qué disfraz trate de ocultar la realidad más íntima del corazón. Todos los caminos del hombre son limpios
ante sus propios ojos, pero el SEÑOR sondea los espíritus (Proverbios 16:2,
LBLA).
Esta es una poderosa y muy buena
razón por la que debemos permitir que Dios nos ayude en las decisiones de
nuestra vida y cuanto más cuando se trata de algo tan delicado como lo es el
matrimonio.
También, Dios sabe incluso más que nosotros mismos qué es lo que
necesitamos. Normalmente, lo que queremos, no es lo que necesitamos. Estos son
solo deseos o caprichos y Dios no se rige por ellos. Encomienda tus obras al
SEÑOR, y tus propósitos se afianzarán. Proverbios 16:3. Puesto que Dios no está sujeto a las
pasiones humanas, éstas no lo pueden engañar y mucho menos controlarlo o
dirigirlo. Sin embargo, a nosotros sí nos pueden engañar nuestras
emociones y de hecho a menudo lo hacen
aunque no lo advertimos.
El andar por ahí probando a una u
otra persona para ver si nos conviene unírnosle en matrimonio demuestra
inmadurez espiritual de nuestra parte y falta de comprensión del hecho de que
Dios nos conoce profundamente y que Él sabe cómo satisfacer todas nuestras
necesidades.
Dios le bendiga rica y
abundantemente y hasta una próxima entrega.
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